La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX.


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El dibujo es una de nuestras expresiones más cercanas e íntimas, una idea, un descubrimiento, un método de expresión e introspección de la persona que lo realiza. Entre el dibujante y el papel sobre el que dibuja existe una relación directa. Dibujos son los que realizan los grandes artistas, pero también los garabatos que hacemos muchas veces inconscientemente. El dibujo deja de ser un mediador, se convierte en obra de arte singular y autónoma a lo largo del siglo XVIII. Desde entonces nunca ha dejado de serlo.
Desde 1997 la Fundación MAPFRE ha centrado sus esfuerzos en la recuperación de la obra sobre papel de aquellos artistas y movimientos relevantes para apreciar la evolución y usos del dibujo y la pintura tanto en España como en Europa. La selección que hoy presentamos abarca un período que discurre entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, precisamente el momento en el que el dibujo todavía vive su doble condición. Si, por un lado, es un medio creativo para la ejecución final de otras obras, muestra al mismo tiempo su independencia. Es un arte pleno y suficiente.
La exposición inicia su recorrido con aquellos dibujos que en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX constituían la expresión de un cambio profundo en el ámbito de las artes visuales. Las obras de Edgar Degas, Auguste Rodin o Gustav Klimt son ejemplos inmejorables de esta transformación histórica. Con ellas, los dibujos del primer Picasso y los de aquellos artistas españoles que, como Nonell, suponen un cambio de rumbo en la compleja historia de las artes visuales en nuestro país. Un cambio que se había iniciado previamente con artistas como Darío de Regoyos.
El cubismo llevó a cabo una transformación radical del lenguaje pictórico. La Colección de la FUNDACIÓN MAPFRE permite conocer cómo se llevó a cabo en los dibujos de Picasso, Juan Gris o André Lhote. Pero la influencia del Cubismo no se limita a las obras que cabe considerar como más ortodoxas. Se percibe también en dibujos que no cabe incluir en la tendencia, pero que no la olvidan, tal es el caso de Luis Fernández y de Maruja Mallo o del Rafael Barradas creador del vibracionismo.
La riqueza del surrealismo se pone de manifiesto en la obra tan diferente de Joan Miró y Salvador Dalí, en los dibujos de Óscar Domínguez, y en el dramático Luis Fernández de los años treinta. Ahora bien, sería por completo improcedente pensar que el arte contemporáneo es una sucesión lineal de estilos. La incidencia de unos sobre otros y la incidencia de poéticas diferentes permiten hablar de una trama en la que se articulan maneras y motivos diferentes. Las obras de Klee y de Matisse, las de Julio González y Alberto Sánchez escapan a la rigidez de una clasificación, al igual que sucede con las de Daniel Vázquez Díaz y, ya en nuestros días, con las de Antoni Tàpies o Eduardo Chillida.
Exposición organizada por la Fundación Mapfre con la colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucia.

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