PUNK. SUS RASTROS EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO

  • Fecha: Hasta el 31 de enero de 2016
  • Ciudad: Vitoria
  • Lugar: Museo Artium
  • Accesibilidad: Museo Artium
  • Tipo de Evento: Exposición
  • Horario: de 11.00 h. a 14.00 h. y de 17.00 h. a 20.00 h.
  • Precio: 6 €

INFORMACIÓN


Johnny Rotten con el micrófono en la mano está de rodillas en un escenario sobre el que hay algunas botellas de cerveza rotas que han sido lanzadas desde el público, a su lado Sid Vicious, que durante todo el concierto y como es habitual ha tocado con el bajo desenchufado, sangra al haberse cortado con alguna de las botellas en el pecho. Es la imagen que queda del último concierto en San Francisco en 1978 de los Sex Pistols, el grupo icono del punk. Han pasado solo cuatro años desde que en agosto de 1974 los Ramones tocasen canciones rabiosas de un minuto en el club CBGB de Nueva York, donde un año más tarde también actuarán Television, Suicide, Talking Heads, The Dictators y hasta treinta grupos. Ese mismo verano, en Londres, Malcolm McLaren renombra su tienda de ropa Sex y crea los Sex Pistols. En 1976 aparecen en televisión y sueltan un par de tacos. Al día siguiente son portada de todos los periódicos y se prohiben en toda Inglaterra. Y el punk explota.


Aguanta dos años. El mismo verano de 1978 en el que los Sex Pistols dan su último concierto, en el Artists Space de Nueva York tiene lugar el primer concierto No wave, recuperando la intensidad del principio del punk, con grupos como Teenage Jesus and The Jerks y más tarde Sonic Youth. Lo que sigue son los efectos de la explosión: el hardcore, Einstürzende Neubauten y el club SO36 en Berlín, squatters en Amsterdam, Kaka de Luxe, el rock radical vasco…

Esta es la breve y estricta historia de la explosión punk como movimiento eminentemente musical que se da en la segunda mitad de los setenta. Pero en ese último concierto de los Sex Pistols, Johnny Rotten lanzará una pregunta cuyo eco traspasa esos años: «¿nunca os habéis sentido estafados?» El crítico musical Greil Marcus estaba allí. Y tiempo más tarde cuando escribe Rastros de carmín, la primera genealogía del punk, recuerda que bajo el rechinar de dientes de Johnny Rotten cantando a la anarquía podía oírse el eco de una rabia que como un fantasma ha recorrido todo el siglo XX: fundamentalmente en los aullidos de los dadaístas y su voluntad negadora o en el afán revolucionario de los situacionistas y sus eslóganes anti-todo. El punk, entonces, no solo era un movimiento musical, sino la manifestación de la incomodidad frente al sistema económico, político, social y cultural.

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