EL BARBERO DE SEVILLA de Gioachino Rossini


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Una de las producciones estelares del Teatro de la Maestranza, “El barbero de Sevilla”, de G. Rossini, con dirección de escena de José Luis Castro y escenografía de los pintores Carmen Laffón y Juan Suárez, regresa  al mismo escenario donde ya se consagró el día de su estreno como la gran producción genuinamente andaluza sobre uno de los títulos más rotundamente sevillanos de la Historia de la Ópera. Inteligencia escénica, elegancia, agilidad y plasticidad escénica para un hito de la comedia lírica vuelven a cobrar vida en conmemoración de los 200 años de su estreno en Roma en 1816. Giuseppe Finzi, director residente de la Ópera de San Francisco, dirige a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y el Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza junto a un amplio reparto capitaneado por el ascendente tenor belcantista Michele Angelini y con Elliot Madore, Renato Girolami y Dmitry Ulyanov en los roles estelares.

Rossini (Pésaro, 1792 – París, 1868) concibió su ópera bufa en dos actos a partir del libreto de Cesare Sterbini sobre la comedia original de Beaumarchais, de 1775. Se estrenó el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma. Con su habitual laboriosidad y brillantez, Rossini empleó menos de 3 semanas en concluir la obra capital del género bufo que, en un principio, tituló “Almaviva, osea la precaución inútil”, para distinguirla de la pieza de Paisiello sobre el mismo tema –también usado por Mozart 30 años antes- que gozaba de gran éxito en la época.

Inicialmente, y como consecuencia de una serie de accidentes escénicos que lastraron la función y de las maniobras de Paisiello y sus partidarios para boicotear el título, el estreno de “El barbero de Sevilla” fue un completo desastre hasta el punto de que el desenfreno del público obligó a Rossini a abandonar el teatro: “Yo creía que me iban a asesinar”, comentó. Sin embargo, la segunda función convirtió al título en el mito operístico que constituye hoy.

Una comedia que, básicamente, gira sobre la problemática de los matrimonios a la fuerza que a juicio de Beaumarchais en el siglo XVIII ya debían pasar a la historia, encontró en la Sevilla apagada de la época un decorado coherente para una trama de grandezas y miserias que, por otra parte, enlazaba con la España del Siglo de Oro que Cervantes retrató en, por ejemplo, “El celoso extremeño”, según ha señalado el especialista Jacobo Cortines. La producción de José Luis Castro es un intento por restituir la trama escénica a la verdadera historia y tradición artística de una ciudad tan umbilicalmente unida a un título de ópera, hasta el punto de que, a su llegada a Sevilla, los viajeros románticos pedían ser conducidos hasta la barbería de Fígaro y la casa de Don Bartolo, como si fueran reales.

De “El barbero de Sevilla” sorprendieron sus dimensiones poco habituales en la ópera bufa –un primer acto de unos 105 minutos y un segundo de unos 60- y “y el endemoniado dinamismo que lo invade de principio a fin derrochando una contagiosa alegría”, al decir del mayor experto rossiniano, el director Alberto Zedda, quien subraya la paradoja de que el autor de obras desternillantes y luminosas fuera, en realidad, “un hipocondríaco minado por la depresión nerviosa, acechado por alteraciones elípticas, obligado a llevar una alimentación frugal a causa de unas molestas alteraciones gastrointestinales y lacerado por dudas que afectaban a la esencia misma de su composición”. 

Paradojas de la creación artística. Mito sevillano elaborado por un escritor francés y un compositor italiano, “El barbero de Sevilla” vuelve a los decorados urbanos en los que, de hecho, transcurre 200 años después de su estreno y lo hace consagrada como una de las diez óperas más vistas de la Historia a lomos de momentos estelares –“Largo al factotum”, “Una voce poco fa” o “La calunnia è un venticello” – y un plantel de personajes –Fígaro, Almaviva, Rosina, Don Basilio…- que forman parte del imaginario operístico de cualquier melómano del mundo.

En la estilizada y renovada producción del Teatro de la Maestranza, Giuseppe Finzi, director residente de la Ópera de San Francisco, dirige a la ROSS y el Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza junto a un amplio reparto capitaneado por el ascendente tenor belcantista Michele Angelini, habitual del Metropolitan Opera o el Convent Garden y con el barítono canadiense Elliot Madore, que llega a Sevilla para cantar un rol, Fígaro, que habrá cantado inmediatamente antes en el Metropolitan Opera de Nueva York; el barítono Renato Girolami, que ha sido Bartolo a las órdenes de Daniel Barenboim y el gran bajo ruso Dmitry Ulyanov en los roles estelares.

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